Días Grises renuncia a la épica fotográfica para abrazar lo que el escritor Georges Perec definía como "lo infra-ordinario". Aquí no se busca el acontecimiento, sino el "ruido de fondo" de la ciudad. El acento recae en lo que ocurre cuando parece que no pasa nada. Es una reivindicación de la rutina como un espacio habitable.
Visualmente, la propuesta se aleja de lo figurativo para acercarse a los bocetos rápidos de un cuaderno de campo, el "gris" aquí funciona como una mancha de lápiz: es sucio, táctil y honesto.
Aquí se conecta con el cine "slice of life" (recuentos de la vida) o con la atmósfera de películas como Paterson de Jim Jarmusch. Al igual que en ese cine, donde la poesía reside en conducir un autobús o pasear al perro bajo la llovizna, Gustavo Bravo encuentra su ritmo en la repetición. La Cara B de un disco con canciones de las que se escuchan en soledad.
"Días Grises" renounces the photographic epic to embrace what writer Georges Perec defined as the "infra-ordinary." It does not seek the event, but rather the city's "background noise." The emphasis lies on what occurs when nothing seems to be happening. It is a vindication of routine as a habitable space.
Visually, the approach shifts away from the figurative to resemble the quick sketches of a field notebook; the "gray" here functions like a pencil smudge: dirty, tactile, and honest.
This connects with "slice of life" cinema or the atmosphere of films like Jim Jarmusch’s Paterson. Just as in such cinema—where poetry resides in driving a bus or walking a dog in the drizzle—Gustavo Bravo finds his rhythm in repetition. It is the B-Side of a record, with songs best heard in solitude.
Fotografías | Gustavo Bravo
Edición | Rafa Badia